Llevo unos días dándole vueltas a algo que necesitaba poner por escrito.
Se trata de un cambio en mí, que inevitablemente también se refleja en lo que comparto.
No es un cambio repentino, ni una decisión estratégica. Es más bien la constatación de un proceso largo, lento, casi silencioso. De esos que solo se entienden cuando miras hacia atrás.
Hace unos cinco años el estoicismo entró en mi vida. No como una moda intelectual ni como una filosofía que estudiar por curiosidad, sino como una necesidad. Llegó en un momento en el que necesitaba criterio, calma y un marco al que agarrarme para vivir mejor lo que ya tenía delante.
Desde entonces, sin darme cuenta, ha ido impregnándolo todo.
Mi forma de estar en el aula.
Mi manera de mirar la educación.
Mi forma de ejercer la paternidad.
Y, sobre todo, mi relación conmigo mismo.
Durante mucho tiempo he compartido estas facetas por separado. Por un lado, la educación. Por otro, la reflexión más estoica y personal. Por otro, las conversaciones con mis hijos. Y todas eran honestas, pero algo no terminaba de encajar del todo.
Hasta que me di cuenta de algo sencillo:
Ya no puedo separar lo que pienso de cómo educo, ni lo que aprendo como padre de cómo intento vivir.
El estoicismo no es un tema más en mi vida.
Es la lente desde la que miro todo lo demás.
Cuando intento estar verdaderamente presente con mis hijos.
Cuando en el aula lo más importante no es la actividad, sino la atención que ofrezco.
Cuando acepto que no controlo casi nada… salvo mi manera de responder.
Por eso, a partir de ahora, quiero empezar a conectar todas estas reflexiones.
Eso significa que, a partir de ahora, mis podcasts, vídeos, artículos y contenidos integrarán educación, paternidad y estoicismo desde la práctica, no desde la teoría.
Hablaré de presencia, de criterio, de aprender a responder en lugar de reaccionar.
Desde la experiencia de alguien que lleva años intentándolo, con aciertos y errores.
No vengo a enseñar recetas.
No vengo a dar lecciones.
Me apetece pensar en voz alta, escribir con calma y compartir preguntas, escenas y aprendizajes que a mí me están ayudando a vivir y educar mejor. Si en ese proceso a alguien más le sirven, será un regalo compartido.
Si ya me sigues, sabrás que todo esto también se refleja en los espacios que he ido creando:
– Píldoras de Educación, donde comparto mi visión de la educación y conversaciones que nos ayudan a pensar mejor.
– La Cueva del Dragón, mi bitácora estoica aplicada a la vida real.
– Kizuna, conversaciones con mis hijos, explorando la vida a través de preguntas (filosofía sin necesidad de llamarla así).
Cada uno tiene su forma y su tono, pero todos comparten la misma mirada.
Gracias por estar al otro lado y por leer hasta aquí.
Te dejo una pregunta, más para mí que para nadie:
¿Y si todo lo importante de nuestra vida necesitara, simplemente, una misma mirada?
Un abrazo,
David
PD: Si esto te resuena, me encantaría saberlo. Puedes responder a esta publicación. Saber que hay alguien al otro lado me ayuda a seguir escribiendo.
